La ahijada peruana del Papa León XIV comparte su testimonio

Перуанская крестница Папы Льва XIV делится свидетельствами

Por Diego López Marina

Personal de ACI Prensa, 26 de mayo de 2025. 07:00 am

"¡Padrino, te queremos! Que viva el papa!" exclamó Mildred al compartir su conmovedor testimonio sobre el padre Roberto Prevost, quien era un joven sacerdote agustino en Chulucanas, Perú, cuando ella nació y que hoy lidera la Iglesia como el papa León XIV.

Mildred, peruana de 29 años, madre de dos hijas y devota de San Juan Pablo II, se siente justificadamente orgullosa de su padrino: "Me encantaría decirle que lo admiro desde pequeña, que no es algo reciente", dijo en una entrevista con EWTN Noticias, la edición en español de EWTN News.

La conexión entre ambos comenzó hace décadas, cuando su padre, Héctor Camacho, era un adolescente que servía como monaguillo en la catedral de Chulucanas, en el distrito piurano de Piura. En ese entonces, el entonces padre Prevost acababa de llegar a Perú como misionero agustino, donde trabajó entre 1985 y 1986.

"Siempre nos inculcó la importancia de creer en Dios, tener fe, ser respetuosos, educados y tratar de superarnos en la vida", dijo Camacho a EWTN Noticias.

Al tiempo después, Camacho se trasladó a Trujillo para estudiar, donde se reencontró con Prevost. El sacerdote le dio orientación espiritual y le animó a hacer obras de caridad. Cuando Prevost tuvo que viajar a Estados Unidos por la muerte de su madre, Camacho le pidió permiso para ponerle a su hija el nombre de Mildred. Más tarde, también le pidió que fuera su padrino.

El bautizo tuvo lugar en la parroquia San José Obrero de Chulucanas, y marcó para siempre la vida de Mildred. Aunque no tiene tantos recuerdos porque no se veían mucho, las enseñanzas y el ejemplo de su padrino siempre estuvieron presentes.

Atesora los mensajes que el entonces padre Prevost le enviaba por correo electrónico. También recuerda que cada vez que asistía a una misa o evento donde él estuviera presente, su padrino siempre se hacía un tiempo para saludar a su familia.

La última vez que lo vio fue el día de su cumpleaños, el 10 de agosto de 2024, cuando ya como cardenal Prevost regresó a Chulucanas para celebrar el 60 aniversario de la diócesis. En esa ocasión, le hizo saber que tal vez pasarían muchos años antes de que pudieran comunicarse.

"Lo que siempre me decía era: 'Vive con alegría, vive feliz'. Y siempre le recuerdo diciendo: 'Tenme en tus oraciones, como yo te tengo en las mías'", recordó Mildred.

Sobre su padrino, dijo: "Siempre nos decía que la fe no consiste sólo en ir a misa, sino en vivir con caridad, amar al prójimo y ser una luz para los demás. Siempre me inspiró a tener esperanza y a no rendirme ante las dificultades"

Mildred sueña con volver a ver a su padrino. Si el Papa León XIV viene a Perú, ella está dispuesta a acampar en la calle por donde él pase con tal de poder verlo de cerca, abrazarlo y decirle: "¡Padrino, te queremos!"

En Chulucanas, Prevost vivía en la parroquia San José Obrero, donde dormía en una pequeña y humilde habitación. En esa misma parroquia vivió un siervo de Dios, el padre Juan Magnif, agustino que vivió hasta los 85 años y se ganó el cariño del pueblo por su caridad.

Según la agencia Andina, Magnif fue el único agustino norteamericano al que Fidel Castro permitió permanecer en Cuba tras la revolución. Ahora, junto a la parroquia se construye un mausoleo donde reposarán sus restos, que serán transportados desde Estados Unidos.

(La historia continúa más abajo)

El Papa León XIV podría ser quien lo declare beato.

Esta historia fue publicada primero por ACI Prensa, socio informativo de CNA en español. Ha sido traducida y adaptada por CNA.

Parte:
La ahijada peruana del Papa León XIV comparte su testimonio La ahijada peruana del Papa León XIV comparte su testimonio Por Diego López Marina Personal de ACI Prensa, 26 de mayo de 2025. 07:00 am"¡Padrino, te queremos! Que viva el papa!" exclamó Mildred al compartir su conmovedor testimonio sobre el padre Roberto Prevost, quien era un joven sacerdote agustino en Chulucanas, Perú, cuando ella nació y que hoy lidera la Iglesia como el papa León XIV.Mildred, peruana de 29 años, madre de dos hijas y devota de San Juan Pablo II, se siente justificadamente orgullosa de su padrino: "Me encantaría decirle que lo admiro desde pequeña, que no es algo reciente", dijo en una entrevista con EWTN Noticias, la edición en español de EWTN News. La conexión entre ambos comenzó hace décadas, cuando su padre, Héctor Camacho, era un adolescente que servía como monaguillo en la catedral de Chulucanas, en el distrito piurano de Piura. En ese entonces, el entonces padre Prevost acababa de llegar a Perú como misionero agustino, donde trabajó entre 1985 y 1986."Siempre nos inculcó la importancia de creer en Dios, tener fe, ser respetuosos, educados y tratar de superarnos en la vida", dijo Camacho a EWTN Noticias.Al tiempo después, Camacho se trasladó a Trujillo para estudiar, donde se reencontró con Prevost. El sacerdote le dio orientación espiritual y le animó a hacer obras de caridad. Cuando Prevost tuvo que viajar a Estados Unidos por la muerte de su madre, Camacho le pidió permiso para ponerle a su hija el nombre de Mildred. Más tarde, también le pidió que fuera su padrino.El bautizo tuvo lugar en la parroquia San José Obrero de Chulucanas, y marcó para siempre la vida de Mildred. Aunque no tiene tantos recuerdos porque no se veían mucho, las enseñanzas y el ejemplo de su padrino siempre estuvieron presentes.Atesora los mensajes que el entonces padre Prevost le enviaba por correo electrónico. También recuerda que cada vez que asistía a una misa o evento donde él estuviera presente, su padrino siempre se hacía un tiempo para saludar a su familia.La última vez que lo vio fue el día de su cumpleaños, el 10 de agosto de 2024, cuando ya como cardenal Prevost regresó a Chulucanas para celebrar el 60 aniversario de la diócesis. En esa ocasión, le hizo saber que tal vez pasarían muchos años antes de que pudieran comunicarse. "Lo que siempre me decía era: 'Vive con alegría, vive feliz'. Y siempre le recuerdo diciendo: 'Tenme en tus oraciones, como yo te tengo en las mías'", recordó Mildred.Sobre su padrino, dijo: "Siempre nos decía que la fe no consiste sólo en ir a misa, sino en vivir con caridad, amar al prójimo y ser una luz para los demás. Siempre me inspiró a tener esperanza y a no rendirme ante las dificultades"Mildred sueña con volver a ver a su padrino. Si el Papa León XIV viene a Perú, ella está dispuesta a acampar en la calle por donde él pase con tal de poder verlo de cerca, abrazarlo y decirle: "¡Padrino, te queremos!"En Chulucanas, Prevost vivía en la parroquia San José Obrero, donde dormía en una pequeña y humilde habitación. En esa misma parroquia vivió un siervo de Dios, el padre Juan Magnif, agustino que vivió hasta los 85 años y se ganó el cariño del pueblo por su caridad.Según la agencia Andina, Magnif fue el único agustino norteamericano al que Fidel Castro permitió permanecer en Cuba tras la revolución. Ahora, junto a la parroquia se construye un mausoleo donde reposarán sus restos, que serán transportados desde Estados Unidos.(La historia continúa más abajo)El Papa León XIV podría ser quien lo declare beato.Esta historia fue publicada primero por ACI Prensa, socio informativo de CNA en español. Ha sido traducida y adaptada por CNA.
Por Diego López Marina Personal de ACI Prensa, 26 de mayo de 2025. 07:00 am"¡Padrino, te queremos! Que viva el papa!" exclamó Mildred al compartir su conmovedor testimonio sobre el padre Roberto Prevost, quien era un joven sacerdote agustino en Chulucanas, Perú, cuando ella nació y que hoy lidera la Iglesia como el papa León XIV.Mildred, peruana de 29 años, madre de dos hijas y devota de San Juan Pablo II, se siente justificadamente orgullosa de su padrino: "Me encantaría decirle que lo admiro desde pequeña, que no es algo reciente", dijo en una entrevista con EWTN Noticias, la edición en español de EWTN News. La conexión entre ambos comenzó hace décadas, cuando su padre, Héctor Camacho, era un adolescente que servía como monaguillo en la catedral de Chulucanas, en el distrito piurano de Piura. En ese entonces, el entonces padre Prevost acababa de llegar a Perú como misionero agustino, donde trabajó entre 1985 y 1986."Siempre nos inculcó la importancia de creer en Dios, tener fe, ser respetuosos, educados y tratar de superarnos en la vida", dijo Camacho a EWTN Noticias.Al tiempo después, Camacho se trasladó a Trujillo para estudiar, donde se reencontró con Prevost. El sacerdote le dio orientación espiritual y le animó a hacer obras de caridad. Cuando Prevost tuvo que viajar a Estados Unidos por la muerte de su madre, Camacho le pidió permiso para ponerle a su hija el nombre de Mildred. Más tarde, también le pidió que fuera su padrino.El bautizo tuvo lugar en la parroquia San José Obrero de Chulucanas, y marcó para siempre la vida de Mildred. Aunque no tiene tantos recuerdos porque no se veían mucho, las enseñanzas y el ejemplo de su padrino siempre estuvieron presentes.Atesora los mensajes que el entonces padre Prevost le enviaba por correo electrónico. También recuerda que cada vez que asistía a una misa o evento donde él estuviera presente, su padrino siempre se hacía un tiempo para saludar a su familia.La última vez que lo vio fue el día de su cumpleaños, el 10 de agosto de 2024, cuando ya como cardenal Prevost regresó a Chulucanas para celebrar el 60 aniversario de la diócesis. En esa ocasión, le hizo saber que tal vez pasarían muchos años antes de que pudieran comunicarse. "Lo que siempre me decía era: 'Vive con alegría, vive feliz'. Y siempre le recuerdo diciendo: 'Tenme en tus oraciones, como yo te tengo en las mías'", recordó Mildred.Sobre su padrino, dijo: "Siempre nos decía que la fe no consiste sólo en ir a misa, sino en vivir con caridad, amar al prójimo y ser una luz para los demás. Siempre me inspiró a tener esperanza y a no rendirme ante las dificultades"Mildred sueña con volver a ver a su padrino. Si el Papa León XIV viene a Perú, ella está dispuesta a acampar en la calle por donde él pase con tal de poder verlo de cerca, abrazarlo y decirle: "¡Padrino, te queremos!"En Chulucanas, Prevost vivía en la parroquia San José Obrero, donde dormía en una pequeña y humilde habitación. En esa misma parroquia vivió un siervo de Dios, el padre Juan Magnif, agustino que vivió hasta los 85 años y se ganó el cariño del pueblo por su caridad.Según la agencia Andina, Magnif fue el único agustino norteamericano al que Fidel Castro permitió permanecer en Cuba tras la revolución. Ahora, junto a la parroquia se construye un mausoleo donde reposarán sus restos, que serán transportados desde Estados Unidos.(La historia continúa más abajo)El Papa León XIV podría ser quien lo declare beato.Esta historia fue publicada primero por ACI Prensa, socio informativo de CNA en español. Ha sido traducida y adaptada por CNA.