Por Diego López Marina
Quito, Ecuador, Sep 9, 2024 / 17:36 pm
Una conmovedora experiencia en el lecho de muerte de su padre marcó para siempre la devoción eucarística del obispo Óscar Cantú de San José, California.
Además, dijo, su propia experiencia en momentos difíciles de su vida sacerdotal lo deja claro: el centro de nuestra fe es Jesús en la Eucaristía y profundizar nuestra relación con Él.
En entrevista con ACI Prensa, socio informativo de CNA en español, en el Congreso Eucarístico Internacional -que comenzó el domingo en Quito, Ecuador- Cantú, hijo de padres mexicanos, explicó que la importancia de un congreso eucarístico es integrar "la formación teológica con la vida sacramental y devocional"."
"Esto atrae a más gente de fe, es una verdadera expresión de fe", continuó el prelado, originario de Houston.
Después de haber vivido la experiencia del Congreso Eucarístico Nacional en Estados Unidos, que a finales de julio reunió a unos 60 mil asistentes en Indianápolis, Cantú dijo que considera importante que la Iglesia en Estados Unidos tenga "una idea de cómo se vive la devoción eucarística en todo el mundo"."
"Crecí en una comunidad hispana en Estados Unidos, y he visto cómo se vive esta devoción, cómo las procesiones llegan al corazón y son conmovedoras. Pero también me interesa ver qué devociones vienen de otras partes del mundo", comentó.
El obispo señaló que el Congreso Eucarístico Internacional "es una clara oportunidad para volver al núcleo de nuestra fe, que es Jesús en la Eucaristía... Esto es lo que nos llena como cristianos, como católicos".
"Es importante recordar que Cristo ya está activo en los corazones de los que son llamados. No vienen a la Eucaristía sin que Cristo, en su palabra y en su gracia, esté ya presente en ellos. El Concilio Vaticano II habla de las cuatro presencias de Cristo en la Eucaristía: en su pueblo, en el celebrante, en la palabra proclamada y, por supuesto, en los elementos eucarísticos", explicó Cantú, también doctor en Teología.
Este encuentro del cristiano con el Santísimo Sacramento "es un camino que el Espíritu Santo nos guía a seguir, a encontrarnos con Cristo, y Cristo nos lleva al Padre", agregó.
"Este congreso es una oportunidad para profundizar en esa relación con él y nutrirnos para llevar esa presencia de Cristo a nuestras comunidades, a nuestros hogares, a nuestros trabajos", añadió.
Por último, invitó a los fieles a que, además de escuchar con atención las ponencias y observar la fe y la devoción de la Iglesia durante estos días, "nos tomemos unos momentos de silencio, porque es ahí donde Cristo quiere hablarnos, en nuestra conciencia y en nuestro corazón."
Durante la entrevista, Cantú compartió una reflexión personal de su experiencia de Jesús en la Eucaristía basada en sus 30 años como sacerdote y 16 como obispo.
"A lo largo de los años, ha habido momentos en los que me he sentido agotado o abrumado por alguna crisis. A veces, cuando me siento en mi capilla por la mañana para hablar con Jesús, me encuentro sin palabras. Sé que Él está presente, pero a veces sólo me siento y le digo: 'Aquí estoy'. Aunque no siempre siento intensamente su presencia, algo sucede cuando celebro la Misa, incluso en la intimidad de mi capilla. Las palabras de la Eucaristía y las oraciones de la Iglesia tocan mi corazón, lo abren y encienden la luz de Cristo", dijo.
Cantú también está muy seguro de que su relación con la Eucaristía ha sido una fuente de fortaleza a lo largo de su ministerio sacerdotal y episcopal.
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"En esos momentos de cansancio o dificultad, la Eucaristía es lo que me llena de nuevo", dijo. "A través de la celebración de la Misa, me encuentro con Cristo de una manera única, y sé que siempre está ahí, dándome su luz y su paz"
El prelado recordó una conmovedora experiencia eucarística de su época de sacerdote que considera milagrosa, cuando su padre, en su lecho de muerte, logró recibir a Jesús en la Comunión, un momento que le dejó una profunda huella.
"Mi padre quedó paralítico, y mi madre le cuidaba en casa. Nosotros, sus ocho hijos, siempre que podíamos, ayudábamos en lo que hiciera falta. Para mi padre, como hombre hispano, era difícil no poder vestirse o hacer cosas por sí mismo. Sufría mucho en su ego; no entendía por qué, después de haber trabajado tanto durante su vida, en su vejez estaba pasando por esto. Cayó en una depresión bastante profunda", relató el obispo.
"Recuerdo un momento concreto en el que fui a visitarle. No respondía, no hablaba ni con mi madre ni conmigo. Le hablé, pero no obtenía respuesta. Finalmente, cuando se me acababa el tiempo para volver a mi parroquia, le dije: "Papá, te he traído la Eucaristía, ¿quieres recibirla?". Inmediatamente, me miró a los ojos y me dijo: 'Sí'. Cogió la mano de mi madre y empezamos a rezar juntos. Mi padre, el maestro, rezó todas las oraciones con nosotros", relató Cantú.
"Escuchaba, pero no respondía a su hijo ni a su esposa. Sin embargo, cuando mencioné la presencia de Cristo, respondió con esa esperanza de alguien que está en la oscuridad... y a veces, con sólo mencionar a Jesucristo nos da la esperanza de que hay una luz al final del túnel", concluyó.
Esta historia fue publicada primero por ACI Prensa, socio de noticias en español de CNA. Ha sido traducida y adaptada por CNA.