Por Diego López Marina
Personal de ACI Prensa, Oct 22, 2024 / 16:15 pm
Belén Perales, una española de 60 años, vivió durante 35 años como atea, alejándose de la fe católica en su adolescencia tras una serie de experiencias traumáticas.
Sin embargo, su vida cambió radicalmente en una visita a la tumba de San Juan Pablo II en el Vaticano, donde, según ella, tuvo una profunda revelación que la devolvió a casa.
Perales nació en el seno de una familia católica, siendo la mayor de cuatro hermanos. Juan Pablo II en el Vaticano, donde, según ella, tuvo una profunda revelación que la devolvió a casa.
Perales nació en el seno de una familia católica, la mayor de cuatro hermanos, pero desde pequeña sintió una infundada pero profunda sensación de abandono. "Siempre tuve la sensación de que nadie me quería", confesó en una entrevista con ACI Prensa, socio informativo de CNA en español.
Los constantes traslados de una ciudad a otra debido al trabajo de su padre alimentaron sus inseguridades, creando una profunda herida emocional. "Desarrollé una especie de herida por [sentirme] abandonada", recuerda, y aunque los traslados la hicieron más adaptable, también alimentaron su resentimiento.
Su fe empezó a flaquear en la adolescencia tras sufrir abusos durante una estancia en un internado. Este episodio marcó un punto de ruptura en su relación con Dios y con su madre. "Salí del colegio muy enfadada con el mundo... ese verano dejé de creer en Dios", cuenta Perales. A partir de ese momento, comenzó a distanciarse de la Iglesia y de la fe que había conocido de niña.
Durante los siguientes 35 años, Perales vivió en medio de la confusión, buscando la paz en relaciones fallidas y un éxito profesional que nunca pudo encontrar. Se casó varias veces y sufrió engaños y abusos en sus relaciones.
"Mi primer marido me estafó... cuando fui a divorciarme, resultó que ni siquiera estaba casada; era un estafador profesional que me había engañado", recuerda con resignación.
"Después de lo que pasó con ese hombre, mi primer marido, fui de mal en peor. Conocí al padre de mi hija mayor; en fin, fue una relación muy tortuosa. Fueron siete años muy duros. Lo pasé fatal. Conseguí salir de aquella casa con mi hija y volvimos a empezar de cero. Me volví a arruinar", recuerda.
En 1996, cuando internet estaba despegando, compró un kit y decidió montar su propio negocio online. Empezó a vender a través de esa plataforma y, para su sorpresa, el proyecto fue un gran éxito. A partir de ese momento, comenzó a generar importantes ingresos gracias a su iniciativa emprendedora en el mundo digital.
A pesar de tener una exitosa carrera empresarial, su vida personal seguía siendo un caos. "Seguí con otros novios... Me volví a casar, pero salió mal igual"
"Me fui a vivir con otra persona que tenía adicciones que yo desconocía; era psiquiatra y drogadicto. Luego me volví a casar, esta vez por la Iglesia. Y me fue mal igual porque esa persona tenía problemas y yo también. Tuve dos hijas, mis dos hijitas con esa persona. Así que me quedé sola con mis hijas, las dos pequeñas", relató.
Durante estos años, su vida estuvo marcada por la desesperanza y vivió completamente alejada de la fe. "Yo era atea; no creía en Dios, nada, cero", afirmó tajante.
(La historia continúa más abajo)
Todo cambió en el verano de 2012 durante un viaje a Roma con sus hijas. Aunque su intención inicial era visitar el Coliseo romano, su hija Gabriela insistió en visitar el Vaticano.
"Yo quería ir al Coliseo, pero mi hija quería ir al Vaticano. Al final, cedí", dijo. Lo que ocurrió dentro de la Basílica de San Pedro cambió su vida para siempre.
"Cuando entramos en el Vaticano, me enfadé. Pensé: '¿Qué estamos haciendo aquí? Qué horror!" Mientras hacía fotos a sus hijas, Perales empezó a sentir algo inexplicable: "De repente, empecé a sentir algo físico, no espiritual. Algo que entró de repente... y automáticamente me di cuenta de que Dios existe, y que si me moría, iría al infierno"."
El impacto fue tan grande que comenzó a llorar desconsoladamente. "Mis ojos derramaban lágrimas como si fueran dos grifos abiertos", recordó.
Delante de la tumba de San Juan Pablo II, sintió que estaba fuera de la Iglesia, separada de su "madre", como ella llama a la Iglesia católica, y que había rechazado a Dios durante todos esos años. "Sentí el dolor de estar fuera de la Iglesia, darme cuenta de que Dios existía y que yo lo había rechazado"
"Sentí... que no era mentira, y que yo lo había rechazado. Mi alma estaba sucia, llena de pecados. Mis pecados pasaban por mi mente", dijo.
Cuando vio la tumba de San Juan Pablo II, de repente dijo: "Chicas, vamos a rezar". Luego se arrodilló en el tercer banco de la izquierda mientras sus lágrimas seguían cayendo. "Mi hija menor sacó pañuelos de papel y me limpió la cara. Quería rezar, pero ni siquiera recordaba el Padrenuestro, porque hacía 35 años que no rezaba. Tenía 48 años y no rezaba desde los 13", explicó a ACI Prensa.
Cuando salió del lugar, Perales pensó para sí: "Me he vuelto loca. Este es el resultado de estar sola con mis hijas y cansada"
Después de esa experiencia, regresó a Madrid, pero el proceso de volver a la fe no fue fácil. Todavía se sentía alejada de la Iglesia y pensaba que no podría ser aceptada de nuevo.
"Seguía empecinada, pensando que no podía volver a la Iglesia, que estaba excomulgada", relató. Durante un año asistió a misa los domingos, pero no se atrevió a confesarse. "Pensaba: 'Mejor no me confieso, porque me van a echar de aquí'"
Por fin, un día, sintió una llamada interior. "Oí a Dios que me decía desde dentro: '¿A qué esperas?". Esa fue la señal que necesitaba para dar el paso. "Bajé a la parroquia, dejé a mis hijas en un banco y me metí en el primer confesionario que vi"
Allí encontró a un joven sacerdote que la acogió con alegría. "Le dije: 'Mira, me llamo Belén, he hecho de todo menos robar y matar'. Y él me contestó: 'Aleluya, hoy hay fiesta en el cielo'".
El cura llevaba consigo una imagen del hijo pródigo y le explicó: "Ahora mismo Dios te está abrazando"
Esa confesión fue el principio de su reconciliación con Dios y con la Iglesia católica. "No conocía la misericordia de Dios. Cuando volví a la Iglesia, fue como un abrazo que nunca antes había sentido", compartió.
Desde entonces, Perales ha dedicado su vida a evangelizar y a compartir su historia con quienes la rodean. "Le dije a Jesús: 'A partir de ahora, soy tu departamento de marketing. Donde quiera que vaya, te llevaré conmigo'".
Y así lo ha hecho. A lo largo de los años, ha llevado a varios amigos al confesionario y ha repartido rosarios a los que encuentra por el camino.
"Mis heridas se han curado con la adoración y los sacramentos. Soy fanática de la confesión", dijo con una sonrisa.
Además, Perales fundó el canal "El Rosario de las 11" en YouTube, con el que transmite el rezo del santo rosario todas las noches y comparte historias de conversión, como la suya. Según contó a ACI Prensa, "el canal ha dado muchos frutos, desde un sinfín de conversiones hasta chicos que han decidido ir al seminario para ser sacerdotes, vocaciones... en fin, un poco de todo".
Lo que más le sorprende, aunque reconoce que no debería, es la cantidad de milagros y conversiones que se han dado gracias al canal. Reflexionando sobre este hecho, citó a Jesús: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Para Perales, estos hechos son una prueba de que Jesús sigue vivo hoy.
Expresando su compromiso total con el proyecto, dijo que ha prometido a la Virgen y a Jesús que estará al frente del canal "hasta el último día de su vida, o hasta que me falten las fuerzas"
"Quiero complacer a mi madre, la Virgen, que nos pide que recemos el rosario. Estoy obedeciendo. Además, mucha gente en internet no conoce a Dios, pero si lo conocieran, se enamorarían de Jesús como yo lo he hecho", comentó.
"YouTube permite que la gente, aún sin buscar a Dios, se encuentre con él de una forma inesperada. Me emociona saber que mis vídeos pueden llegar a los que están lejos, a los que más necesitan este mensaje de esperanza y amor que nos da Jesús", dijo.
Hoy, Perales vive una vida llena de fe, agradecida por haber encontrado de nuevo a Dios después de tantos años de oscuridad. "Jesús me rescató cuando menos lo esperaba, y ahora quiero que todos sepan que Él está ahí, esperándonos", concluyó.
Esta historia fue publicada primero por ACI Prensa, socio de noticias en español de CNA. Ha sido traducida y adaptada por CNA.