El 30 de mayo, la Iglesia Católica conmemora a Santa Juana de Arco, joven heroína de Francia, mártir y patrona de la virtud patriótica. Su vida es una síntesis de experiencia mística, misión histórica y fe profunda, que la convierte en un ícono espiritual y social.
Contexto histórico y vocación
Juana nació en 1412 en Domrémy, al este de Francia, en una familia campesina. Su infancia transcurrió durante la Guerra de los Cien Años. A los 13 años, comenzó a oír "voces" de San Miguel Arcángel, Santa Catalina y Santa Margarita, quienes le pedían liberar Francia y llevar al delfín Carlos a ser coronado.
Pese a su juventud y origen humilde, Juana convenció a los comandantes militares y al mismo delfín. En 1429 liberó Orleans y fue figura clave en la coronación de Carlos VII en Reims.
Proceso y martirio
En 1430 fue capturada por los borgoñones y entregada a los ingleses. Fue juzgada por herejía, principalmente por usar ropa masculina, afirmar tener inspiración divina y no obedecer a los jueces eclesiásticos.
El 30 de mayo de 1431 fue quemada en la hoguera en Ruan. Murió invocando el nombre de Jesús y mirando una cruz, habiendo perdonado a sus enemigos. En 1456 fue declarada inocente tras un nuevo juicio.
Canonización y legado
Fue canonizada en 1920 por el Papa Benedicto XV. Es patrona de Francia, de los soldados, de las mujeres y de los inocentes perseguidos. Su figura continúa inspirando a creyentes, defensores de derechos humanos y a quienes luchan por la verdad y la justicia.