El 26 de mayo, la Iglesia Católica celebra a San Felipe Neri, sacerdote, místico, formador de jóvenes y fundador de la Congregación del Oratorio. Su vida fue un ejemplo de alegría cristiana, libertad interior y profunda intimidad con Dios.
Infancia y conversión
Felipe nació en 1515 en Florencia. Siendo joven se trasladó a Roma, donde estudió filosofía y teología, pero dedicaba gran parte del tiempo a la oración, al servicio de los pobres y a guiar espiritualmente a los jóvenes. Desde pequeño se destacaba por su carácter alegre, su sencillez y cercanía.
Oración y servicio pastoral
Comenzó a reunir pequeños grupos para rezar, aprender catecismo y hacer obras de caridad. Estas reuniones fueron el inicio del futuro Oratorio: una comunidad espiritual sin votos, basada en la fraternidad y el servicio.
En 1551 fue ordenado sacerdote y comenzó a ejercer en la iglesia de San Girolamo. Pasaba largas horas confesando y era conocido como "el apóstol de la confesión" y guía espiritual de personas de toda condición.
Alegría y humor como camino a la santidad
Felipe era famoso por su buen humor y alegría. Solía bromear, aliviar tensiones y mostrar que la santidad podía vivirse con sencillez. Decía: "Un santo triste es un triste santo". Su alegría atraía y transformaba corazones.
Los oratorianos y su legado
Fundó la Congregación del Oratorio, una sociedad de sacerdotes que viven en comunidad sin hacer votos, dedicados a la predicación y al acompañamiento espiritual. Su legado se extendió por toda Europa.
San Felipe murió en Roma el 26 de mayo de 1595. Fue canonizado en 1622 y es conocido como el "Segundo Apóstol de Roma", después de San Pedro.