Por Marinella Bandini
Belén, Cisjordania, 21 de diciembre de 2024 / 13:00 pm
Ser artesano en Belén no es sólo un trabajo. Es un arte, casi una vocación, un tesoro transmitido de padres a hijos, pero que ahora corre el riesgo de perderse.
Las generaciones más jóvenes están eligiendo otros caminos profesionales y, tras dos años de guerra, los padres no ven futuro en la artesanía para sus hijos. Hablan de ello en voz baja, como si no quisieran admitirlo. Algunos saben que probablemente sean los últimos herederos de una tradición centenaria.
"Tengo 54 años. Mi mayor error fue invertir todo mi dinero en mi negocio familiar", dijo a CNA Jack Giacaman, descendiente de una de las familias de artesanos más importantes de Belén. Su tienda da a Milk Grotto Street, la calle de los artesanos, a pocos pasos del santuario del mismo nombre. "Tengo dos hijas. Intenté que vieran el mundo desde otras perspectivas, que no mataran su futuro en este rincón del mundo"
"No piensan en trabajar en nuestro negocio familiar", continuó Giacaman. "Y así también los hijos de mi primo: Se pasaron al campo de la medicina, son ingenieros, pero no piensan en trabajar en este negocio ni en quedarse en este país"
La mayoría de los negocios de Belén son familiares, y todos funcionan con pérdidas.
"Las familias intentan cubrir las pérdidas con su patrimonio privado, pero ya no es asequible", explicó Giacaman. "Al final, la gente huye, se va al extranjero, y desgraciadamente entre ellos hay muchos cristianos"
Uno de los hermanos de Giacaman se trasladó a Estados Unidos, otro se fue a Dubai. "Crecí en una escuela católica, éramos 55 alumnos: seis eran musulmanes, 39 cristianos, entre los que había ocho chicas. ¿Quién se quedó en el país? Los musulmanes, dos chicas y yo. Todos los demás se trasladaron al extranjero; sus hijos ya no tienen ningún tipo de conexión con Belén."
El único que ha seguido el camino inverso es su primo Bassem Giacaman, que llegó hace unos años de Nueva Zelanda para gestionar el negocio familiar, que está junto al de Giacaman.
En el taller de Bassem, las telarañas cubren dos grandes estatuas, la madera está carcomida por los gusanos, y en la tienda, las luces iluminan productos que nadie viene a comprar. A pesar de todo, dijo que no volvería.
"He vuelto para ocuparme del negocio familiar", explicó. "No quiero vender el taller porque aquí está nuestra historia: la de mi padre, la de mi abuelo y la de otros antes que yo. Aquí está nuestra historia como cristianos de Belén"
"Nos lo tomamos día a día", continuó. "Intentamos vender por Internet y, de esta forma, salimos adelante, pero los gastos de envío no paran de subir. No busco donaciones; sólo quiero trabajar y dar empleo a mis trabajadores"
Los artesanos de Belén son casi todos cristianos. Trabajan principalmente con madera de olivo. Los troncos apilados en sus almacenes, moldeados por sus manos y en sus talleres, se transforman en cruces, belenes, figuras del Nacimiento y adornos navideños.
Hoy en día, muchos de esos artículos están cubiertos de polvo en las estanterías de las tiendas, la maquinaria de los talleres permanece parada la mayor parte del tiempo, la plantilla se ha reducido a la mitad y los trabajadores que quedan suelen trabajar sólo dos o tres días a la semana: simplemente, no hay trabajo para todos.
(La historia continúa más abajo)
Los que pueden, intentan vender por Internet, sobreviviendo gracias a algunos pedidos del extranjero, pero el aumento de impuestos, aranceles y leyes cada vez más restrictivas lo complican todo.
Junto a la Basílica de la Natividad, Roni Tabash sigue al frente del negocio familiar, uno de los más conocidos de la ciudad. El año que viene se cumplirán 100 años desde que la tienda vende artículos hechos a mano por artesanos locales. "Damos trabajo a 25 familias, más de cien personas", explica a CNA.
En el umbral de la entrada de la tienda, Tabash mira las calles vacías que rodean la Iglesia de la Natividad. "El año pasado esperábamos que después de Navidad se acabara la guerra, pero aún no ha terminado. Está empeorando; los peregrinos ya no vienen a Belén. La gente pasa apuros y no compra. Para nosotros, los artesanos, la situación es realmente difícil", dijo.
Su padre, Víctor, de 80 años, también estaba en la tienda, pues acababa de regresar a casa hace unos días tras una larga estancia en el hospital. "Tan pronto como fue posible, vino a la tienda; es su vida", dijo Tabash. "Esta será su 61ª Navidad en la tienda. A veces digo que no necesitamos estar abiertos todos los días, pero él dice que debemos abrir, por la esperanza"
Tabash celebrará la Navidad con su familia. "Como cristianos, queremos celebrar la Navidad porque, para nosotros, la Navidad es una luz en la noche. Es nuestra fe, que es más fuerte que nada. Pero esperamos la paz, porque nuestro futuro y el de nuestros hijos está en peligro"
Bajo los soportales de la plaza del Pesebre, las persianas de las tiendas de recuerdos están todas bajadas.
"Todavía puedo trabajar en mi taller", dijo a CNA Robert Giacaman, un familiar de Bassem y Jack. "Recibimos algunos pedidos, pero no como antes. Intentamos dar trabajo a nuestros empleados. Muchos ya no pueden mantener a sus familias o la educación de sus hijos... se está perdiendo toda una generación".
Robert llevó a CNA por su taller para explicar cómo se crea un belén. "Compramos la madera en la zona de Ramala porque allí los olivos son más grandes. Después de seleccionar la madera, desbastamos el tronco con una sierra y cortamos piezas del tamaño necesario para la figura. Utilizamos un pantógrafo para el trabajo más grueso y fresadoras para los detalles. Luego viene la fase de lijado y pulido".
Un artista polifacético -también es pintor y escultor- Robert traslada las ideas artísticas a su trabajo artesanal. "Siempre doy instrucciones a mis trabajadores: cómo trabajar, prestar atención a la veta de la madera y cómo acabar las piezas. Intento que sean sensibles a esta faceta artística"
También participa activamente en asociaciones cristianas, en particular con los Scouts Católicos de Tierra Santa. Por eso vive con especial intensidad la preparación de la Navidad.
"Queremos mostrar a los cristianos de todo el mundo que vivimos la Navidad en cualquier situación en la que nos encontremos", dijo. "Estos dos últimos años han sido bastante tristes, pero en nuestros corazones está la alegría de la Navidad. Queremos enviar un mensaje de paz al mundo, porque la paz debe empezar en la ciudad donde nació Cristo. Espero que este año la Navidad traiga la paz al mundo entero"
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