Por Hannah Brockhaus
Roma, Italia, 7 de enero de 2025 / 10:30 am
El padre franciscano capuchino Roberto Pasolini se siente muy cómodo hablando en público: es básicamente su trabajo como experto en Sagradas Escrituras, llamado a dar charlas y dirigir retiros por toda Italia.
Sin embargo, a finales del año pasado, comenzó una nueva aventura, que le resulta un poco más intimidante: predicar a los empleados del Vaticano, a los cardenales y al Papa durante la Cuaresma y el Adviento.
El 9 de noviembre del año pasado, el Papa Francisco nombró a Pasolini próximo predicador de la Casa Pontificia, sucediendo al cardenal Raniero Cantalamessa, de 90 años, que ocupó el cargo durante 44 años.
Pasolini, de 53 años, dijo que la llamada para convertirse en el predicador del Papa fue una gran sorpresa y le causó "mucho miedo"
"El hecho de que Dios me llame, en este momento, para ir directamente al corazón de la Iglesia, frente al Papa, los cardenales, las personas que sostienen la institución cristiana, para decir palabras tan importantes y significativas, me asusta", dijo a CNA durante una entrevista en la Casa General de los Capuchinos en Roma el 11 de diciembre de 2024.
"Por otra parte, también sentí una gran alineación con lo que ya estaba sucediendo [en mi vida]", señaló, "porque siempre he estado siguiendo palabras, leyendo textos y buscando en la realidad el significado que puede dar claridad a nuestra existencia".
Tras recibir la noticia sobre el nuevo papel, Pasolini tenía poco menos de un mes antes de dar su primera meditación de Adviento a la Curia Romana el 6 de diciembre de 2024, la primera de las tres que pronunció en los viernes de diciembre previos a la Navidad.
"Durante el Adviento, como la llamada era muy reciente, [estuve] inmediatamente intentando rebuscar en mis bolsillos para encontrar algunas palabras, algunas reflexiones que en los últimos años quizá ya había preparado un poco en torno al tema de la Encarnación, el Adviento y la Navidad", dijo sobre la preparación de sus meditaciones.
El cargo de predicador de la Casa Pontificia existe de forma estable desde el pontificado de Pablo IV, a mediados del siglo XV. En 1743, el Papa Benedicto XIV estableció que el papel recayera siempre en un miembro de la Orden de Frailes Menores Capuchinos.
Sobre seguir el largo y célebre legado de Cantalamessa, Pasolini dijo que intenta no compararse demasiado y que planea aportar su propia contribución, "dando catequesis quizá un poco más narrativas y más bíblicas que el género teológico que utilizaba el padre Raniero [Cantalamessa]."
"Creo que no frenaré mi humanidad, que es la humanidad de un fraile mucho más joven que el padre Raniero, para comunicarme también a través de un lenguaje y un modo de dirigirme que corresponde más a la gente de mi edad", dijo.
"Intentaré en la medida de lo posible ser natural, seguir siendo yo mismo", añadió, "y continuar haciendo lo que básicamente he estado haciendo hasta ahora: anunciar, con todo mi corazón, con toda la inteligencia de la que soy capaz, el misterio de Dios".
Antes de convertirse en sacerdote o predicador, Pasolini creció en el norte de Italia, siguiendo con pasión a su equipo de fútbol favorito, el Milán.
Creció católico, pero cuando era adolescente, el sacerdote experimentó el deseo de distanciarse de la fe. "Así que me tomé un tiempo alejado de Dios, e hice unos años en los que busqué el sentido de mi vida en otro lugar, fuera del contexto parroquial y eclesial en el que había crecido", explicó.
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Pasolini describió esos años como buenos, aunque difíciles: "Porque cuando nos alejamos de Dios, por una parte nos sentimos un poco libres, y por otra descubrimos que todavía no sabemos usar bien nuestra libertad"."
"También fueron años de elecciones que me llevaron a sufrir, a darme cuenta de la oscuridad que había dentro de mí", señaló.
El camino de vuelta a la fe del sacerdote comenzó inesperadamente mientras estudiaba Ciencias de la Información en una universidad de Milán.
Viajando un día en el metro de la ciudad, encontró un ejemplar del Evangelio de San Mateo, regalado dentro de un periódico, y comenzó a leerlo. Poco a poco, encontró el camino de vuelta a la Iglesia.
"Sentí el deseo de confesarme y luego de participar en la Eucaristía e implicarme un poco en mi vida parroquial, que había descartado precipitadamente", dijo. "Y fue entonces cuando empecé a comprender de nuevo el misterio de la fe, el misterio de la Iglesia, pero sobre todo la belleza del Evangelio, el amor de Cristo"
A medida que Pasolini redescubría la fe y experimentaba cada vez más el amor de Dios por él, sentía el creciente deseo de compartir esta belleza con los demás.
Fue durante este tiempo cuando "conoció" a San Francisco de Asís a través de sus escritos, dijo.
"Encontré su estilo, su forma de vida, tan bella, tan sencilla, tan inspirada en el Evangelio, que me picó la curiosidad y traté de ir a conocer a los frailes de Milán", explicó el sacerdote. "Y poco a poco, yendo allí, sentí que mi deseo de vivir mi bautismo se concretaba abrazando esa forma de vida junto a otros hermanos. Así que me gradué, lo dejé todo y entré en el convento".
Poco después de entrar en los Capuchinos, los superiores del fraile se dieron cuenta de la centralidad de la palabra de Dios en "mi vida, mis días, mi forma de hablar, mi forma de rezar", explica Pasolini. Y así, después de su formación inicial para la vida religiosa y el sacerdocio, fue enviado a Roma para estudiar en el Pontificio Instituto Bíblico.
Este, dijo, fue el comienzo de "una segunda llamada dentro de mi primera llamada" a ser no sólo un fraile sacerdote, sino también un experto en Sagradas Escrituras.
Durante sus años de formación bíblica, Pasolini estudió en Roma y Jerusalén y obtuvo el doctorado por una tesis sobre el Evangelio de Marcos.
Describió ese tiempo como "siete años de maravillosa formación en la palabra de Dios... que me definieron definitivamente como fraile y biblista, y luego como predicador, capaz de extraer de la Escritura los recursos para anunciar el Evangelio, el reino de Dios, a los demás."
Según Pasolini, la mejor preparación para la predicación puede y debe comenzar mucho antes de subir al ambón.
"Durante años, antes de comenzar el ministerio de la predicación, adquirí el hábito de meditar cada día la palabra de Dios para mí en primer lugar: para mi corazón, para mi vida", dijo. "Este hábito de hacer 'lectio divina', como diríamos hoy, me acostumbró a estar ante Dios, cada día, como quien le escucha, recibe una palabra y trata de responder a esta palabra"
"Así que -continuó- cuando me hice sacerdote y empecé a dar homilías y catequesis, me limitaba a contar a los demás lo que Dios y yo ya nos habíamos dicho durante la oración. Por supuesto, de una forma un tanto organizada, porque quizá Dios y yo nos dijimos algunas cosas en la oración que no son realmente buenas para ser contadas a todo el mundo"
"Pero... la mejor preparación para dar una homilía, para dar una catequesis, es dejar que la palabra de Dios toque tu corazón personalmente", dijo a los sacerdotes y otras personas que predican públicamente. "Entonces, si nos hemos dejado tocar, seguramente seremos capaces de tocar el corazón de los demás"
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