Por Nicolás de Cárdenas
Madrid, España, Nov 5, 2024 / 15:15 pm
"No estamos muertos porque una vecina vino a buscar a su madre [y nos avisó] mientras adorábamos al Santísimo Sacramento", dijo esta semana a ACI Prensa el padre Gustavo Riveira, párroco de la parroquia San Jorge Mártir de Paiporta, en la provincia de Valencia, España. El pueblo de Paiporta está considerado como la "zona cero" de la tragedia causada por las recientes inundaciones en España.
En la tarde del 29 de octubre, entre 40 y 50 personas habían rezado el rosario a las 6 de la tarde y, media hora después, había comenzado la exposición del Santísimo Sacramento cuando fueron advertidos de la inminencia de una riada.
"No estamos muertos porque una vecina haya venido a buscar a su madre. Si no lo hubiera hecho, no habríamos vivido para contarlo", subrayó el sacerdote argentino, que criticó que no se informara a los ciudadanos con antelación: "Nadie nos avisó de nada"
La parroquia quedó inundada pero, con cubos, unos 60 jóvenes lograron sacar el agua que quedaba después de que la tromba se retirara, según el párroco.
Riveira describió la dantesca escena, en la que las calles y las casas siguen llenas de barro, con coches arruinados amontonados y enseres destrozados por la corriente de agua.
"Tenemos montañas de barro, cañas. La gente ha sacado los muebles fuera para limpiar sus casas. Hay una devastación inmensa, que va mucho más allá del barro y el fango", explicó.
Unos días después de las inundaciones, al menos ya no les falta comida ni agua, pero Cáritas parroquial no ha podido reanudar sus actividades normales, dijo. "Tuvimos que tirar todo lo que teníamos, porque todo estaba cubierto de barro. No nos quedaba nada"
No han podido almacenar adecuadamente la ayuda que han recibido, gracias a la generosidad de miles de españoles, porque las instalaciones de Cáritas aún no han podido ser limpiadas.
Por eso, lo que está funcionando es lo que el sacerdote llama "solidaridad cuerpo a cuerpo, que no está tan estructurada", pero que refleja el trabajo excepcional realizado en numerosas ocasiones por los feligreses que también lo han perdido todo en las inundaciones.
"Han demostrado una gran solidaridad, realmente ejemplar. Han salido a la palestra personas que nunca habíamos visto hasta este punto. Esto es muy bonito y abre el corazón", comentó Riveira.
Mirando al futuro, el sacerdote expresó la necesidad de recuperar la calma: "Hay que mantener la calma para volver a empezar. La ley de la vida es estar siempre empezando de nuevo. Ay de nosotros el día que renunciemos a volver a empezar y a mirar el mañana con ojos de esperanza"
Esta historia fue publicada por primera vez por ACI Prensa, socio de noticias en español de CNA. Ha sido traducida y adaptada por CNA.