Por Marinella Bandini
Belén, 26 dic 2024 / 10:50 am
El ambiente en Belén, la ciudad donde nació Jesús, era más distendido esta Navidad.
El patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, que fue objeto de una protesta en la ciudad en la celebración del año pasado, se dirigió a la gente desde la plaza del Pesebre, donde se instaló un escenario.
"Nuestro compromiso esta Navidad es reconstruir nuestra confianza y renovar nuestra esperanza en la vida aquí en Belén y en toda Palestina", dijo el patriarca.
"Creemos que la luz ha venido a nosotros, y la luz es Jesucristo. Pertenecemos a la luz, no a las tinieblas. Puede que no tengamos luz, pero somos la luz", declaró.
"Ánimo, no tengáis miedo; no permitiremos que la guerra borre nuestras vidas", añadió Pizzaballa. La guerra en Gaza sigue proyectando su sombra sobre Belén, que ha sufrido una grave crisis económica, con el cierre de comercios y de varios hoteles.
A lo largo de las calles, hubo algunas familias que llevaron a sus hijos y pidieron al Patriarca una bendición. Y él no dejó de ofrecer su saludo, un beso y una bendición tanto para los pequeños como para los mayores.
Por su parte, el ayuntamiento, una vez más, no promovió actos navideños, a pesar de que a muchos de los cristianos de la localidad les hubiera gustado un signo de celebración.
"Es nuestra tradición. Mostrar nuestra fe no significa olvidar a los que sufren. Podríamos haber hecho algo de otra manera", dijo a CNA George, nacido y criado en Belén.
En la cercana Basílica de la Natividad, el sacristán franciscano, el hermano Anania Jacek, preparó los arreglos de la misa de Nochebuena en la Gruta de la Natividad. Fue allí, al final de la misa de Nochebuena, donde el patriarca colocó la estatua del niño Jesús.
Cuando el día tocaba a su fin, la iglesia de Santa Catalina -la parte latina de la basílica de la Natividad- se llenó de fieles.
Al canto del Gloria y el repique de las campanas de Navidad, la estatua del niño Jesús, situada delante del altar, fue descubierta e incensada. Al final de la misa, la estatua fue incensada en el altar y luego llevada en procesión a la Gruta de la Natividad. Primero fue colocada sobre la estrella de plata que marca el lugar del nacimiento de Jesús y después en el lugar tradicionalmente identificado como el pesebre.
"El canto de gloria, alegría y paz de los ángeles parece desafinar tras un año agotador lleno de lágrimas, derramamiento de sangre, sufrimiento, además de esperanzas rotas y planes de paz y justicia aplastados", comenzó el patriarca en su homilía.
Sin embargo, "estamos llamados por los ángeles de esta noche a vivir en la fe y la esperanza", añadió.
"El Niño de Belén nos toma de la mano esta noche y nos conduce con él a la historia", continuó. "Nos acompaña para que hagamos nuestra la historia hasta el final y para que caminemos por ella con la paz de la confianza y la esperanza en Él."
(La historia continúa más abajo)
Y luego, dijo, la tarea de los cristianos de Tierra Santa es "caminar por los caminos alternativos que el Señor os muestra. Debemos encontrar espacios adecuados donde puedan nacer y crecer nuevos estilos de reconciliación y fraternidad. Debemos hacer de nuestras familias y de nuestras comunidades cunas de justicia y de paz"
Por eso, concluyó Pizzaballa, "es en este año, es aquí donde tiene aún más sentido escuchar el canto de los ángeles que anuncian la alegría del nacimiento de Cristo. La voz de ese canto resuena con fuerza a través de las lágrimas de los que sufren, nos anima a hacer impotente la venganza a través del perdón"
En Belén, la oscuridad de la noche volvió a ser atravesada por el canto del Gloria y el sonido de las campanas que anunciaban la llegada del Salvador.
"¡Tened ánimo!", exhortó el patriarca. "No perdamos la esperanza. Renovemos nuestra confianza en Dios. Él nunca nos deja solos. Y aquí, en Belén, celebramos al Dios-con-nosotros y el lugar en el que se dio a conocer"
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