Por Diego López Marina
Quito, Ecuador, Sep 13, 2024 / 15:15 pm
Uno de los prelados más destacados de España, monseñor José Ignacio Munilla, hizo una poderosa llamada en el Congreso Eucarístico Internacional que se celebra esta semana en Quito, Ecuador.
Durante una intervención en el congreso, que concluye el 15 de septiembre, Munilla animó a todos los asistentes a volver los ojos a Jesús: "Necesitamos a Cristo para amar. Sin Jesucristo, no sabemos amar"
El venerado teólogo español y obispo de Orihuela-Alicante destacó la importancia de la gracia divina para poder vivir el mandamiento del amor. En tono enfático, preguntó a los miles de asistentes: "¿Podríamos cumplir el mandamiento de amarnos unos a otros como Jesús nos ha amado, o incluso el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo, sin la gracia de Jesucristo? Imposible"
Durante una ponencia titulada "El Sagrado Corazón de Jesús, exigencia de fraternidad", Munilla recordó que los seres humanos "estamos debilitados por el pecado" y, por tanto, tenemos una capacidad de amar disminuida.
"Necesitamos el corazón de Jesús como escuela de amor. Sin el amor infinito de Dios, que establece la fraternidad evangélica, no hay tal esperanza", explicó en la cuarta jornada del evento mundial al que asisten delegaciones de 54 países.
En su intervención, Munilla dirigió especial atención a quienes sufren heridas emocionales y afectivas en cualquiera de sus formas, reafirmando que "sin la gracia de Cristo, es imposible sanarlas".
"Por ejemplo, el narcisismo. ¿Cuánto nos hace sufrir el narcisismo? El pansexualismo. ¿Cuánto nos hace sufrir el sexo divorciado del amor? La desconfianza. ¿Cuánto nos hace sufrir la distancia que nos separa? No confiamos el uno en el otro porque nos hemos fallado muchas veces. Todas estas heridas emocionales necesitan ser sanadas por el corazón de Cristo", señaló.
El reconocido prelado destacó que a través del Sagrado Corazón de Jesús revelado en los Evangelios -y al que tiene especial devoción- es posible no sólo confiar sino también "vivir en pureza, olvidarnos de nosotros mismos y darnos generosamente"."
Al inicio de su ponencia, Munilla destacó que este Congreso Eucarístico Internacional se celebra en Ecuador, la primera nación que se consagró al Sagrado Corazón de Jesús hace 150 años y también la primera en organizar un Congreso Eucarístico Nacional, 10 años después de esa consagración.
Comparó esta consagración con la imagen del corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles en España, que lleva la inscripción "Reinaré en España", sugiriendo que en Ecuador, en el centro del mundo, también se podría decir "Reinaré en el mundo"
"Que Cristo reine, que Cristo reine, que el reinado de Cristo se haga realidad. Lo proclamamos desde aquí, desde el centro del mundo", dijo.
El obispo de Orihuela-Alicante observó también que este año se cumple el 350 aniversario de la revelación del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María Alacoque, que recibió un mensaje crucial: "He aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres". Sin embargo, inmediatamente después recibió el mensaje de que ese amor muchas veces ha sido correspondido con ingratitud.
"Es un drama que Dios no sea correspondido, que Dios te esté diciendo 'te quiero', 'te amo', y que nosotros a veces respondamos con indiferencia", reflexionó.
A pesar del rechazo del hombre, el obispo español recordó que el corazón de Jesús es "un gran signo" que subraya "la declaración de amor que Dios ha hecho a la humanidad"
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"El signo del corazón de Jesús es: Existimos porque somos amados... Si yo no hubiera sido amado por una decisión muy libre de Dios, que decidió traerme al mundo por amor, no existiría", recordó.
Munilla explicó que muchas personas sufren de baja autoestima, sintiéndose desvalorizadas ante las críticas o la falta de aceptación. Sin embargo, ante esta situación, afirmó que es fundamental entender que "Dios me ama, Dios me quiere"
"Si Dios me ama y me quiere, y así lo ha revelado el corazón de Cristo, no tengo derecho a despreciarme ni a pensar que esta vida no tiene sentido", exhortó esperanzado.
Munilla explicó que a Dios le llamamos "Padre", en primer lugar, porque nos ha creado a todos, y "ha creado el mundo y ha pensado en el bien de todos sus hijos"
"Dios Padre quiere que todos conozcan a Jesucristo... Dios Padre envió a su Hijo al mundo para redimirnos del pecado. Jesús nos rescató al precio de su sangre derramada para obtener el perdón de los pecados, y nuestra fe confiesa que su redención no se limitó a perdonarnos sino que, en el colmo de su misericordia, nos elevó a la condición de hijos, en un sentido muy superior al que teníamos en la creación", explicó.
En ese sentido, recordó que Dios Padre "nos hace partícipes de la filiación divina de Jesucristo."
"Somos hijos e hijas en el Hijo. Eso es increíble. Es como si hubiéramos sido injertados en la relación paterno-filial que existe entre Jesús y el Padre. Y la gracia de Cristo nos introduce en esa relación", dijo emocionado.
Munilla destacó ante el auditorio que "en Jesucristo somos introducidos en el seno de la Santísima Trinidad." Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en el resto de la creación, "esta filiación sobrenatural ha de ser libremente aceptada por la fe" y por cada uno de nosotros a través del sacramento del bautismo.
El obispo también fue claro al señalar que "no hay otro nombre bajo el cielo por el que podamos salvarnos."
"Es Jesús quien nos salva, lo dice Hechos de los Apóstoles, capítulo 4, versículo 12: 'No hay otro nombre bajo el cielo por el que podamos ser salvados.'"
Munilla explicó que compartir la "maravillosa paternidad de Dios" trae consigo muchas consecuencias para el hombre, principalmente que estamos llamados a descubrir una relación de íntima "fraternidad" con el Señor; y en consecuencia, el corazón de Jesús es la clave para lograrlo, ya que es la "escuela del amor" que permite este vínculo.
El prelado español lo resumió de la siguiente manera: "Permitidme esta expresión: El corazón de Jesús es la escuela humana del amor divino y es la escuela divina del amor humano. Digo que es la escuela humana del amor divino porque, con lenguaje humano, Jesús, que es el revelador del Padre, nos dice que Dios es amor. No sólo me enseña a amar, no sólo me dice que Dios es amor, sino que me capacita para amar, me da la gracia para amar."
Munilla destacó que el pecado original y sus consecuencias "han debilitado mucho la capacidad de amar del ser humano", pero que el propio Cristo proporcionó al ser humano el camino para santificarse a través de la Eucaristía, que "nos configura con el corazón de Jesús."
Cerca del final de su exposición, Munilla destacó la profunda conexión entre la imagen del corazón de Jesús y la Eucaristía. Recordó que en la Última Cena, durante la cual se instituyó la Eucaristía, el discípulo amado, Juan, reclinó su cabeza sobre el pecho de Cristo. "Esto es un símbolo de que el corazón de Jesús nos da la Eucaristía. ¿Os acordáis? 'He deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer' (Lc 22,15)"
Por eso, señaló: "El corazón de Jesús nos da la Eucaristía, pero, al mismo tiempo, la Eucaristía nos configura con el corazón de Jesús. Son dos movimientos simultáneos y rotatorios: del corazón de Jesús brota la Eucaristía, y de la Eucaristía brota esa transformación de mi corazón de piedra en un corazón semejante al de Jesús."
Munilla destacó que, al comprender que el gran milagro de la transformación del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesús se produce en la Eucaristía, "la Comunión frecuente bien realizada y la adoración eucarística serán claves para el milagro de la transformación interior."
"Tú, al recibir a Jesucristo, también te transformas, aprendes a amar. Si aprendes a amar, cambia de familia; también hay una transustanciación. Y cambia tu trabajo, porque antes trabajabas amargamente, pero ahora trabajas vocacionalmente"
"Cambia tu vida, cambia tu trabajo, cambia tu vida en la parroquia", subrayó Munilla.
Por último, Munilla destacó a los asistentes la importancia de "estar enamorados de la Eucaristía, porque la Eucaristía se va a encargar de cristificarnos. Nos eucaristizamos para cristificarnos"
"Termino dirigiéndome al Corazón Inmaculado de María, para que también ella nos enseñe a amar... Miremos a María: No ha habido en la historia un corazón humano indiviso como el suyo. Y por eso invocamos con fe: 'Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío; dulce corazón de María, sé mi salvación'", concluyó.
Este reportaje fue publicado primero por ACI Prensa, socio informativo de CNA en español. Ha sido traducida y adaptada por CNA.