Por Andrea Gagliarducci
Ciudad del Vaticano, 3 de octubre de 2024 / 17:45 pm
Quizás esté en la propia naturaleza del Sínodo sobre la Sinodalidad dar pasos atrás después de haber dado varios pasos adelante. Pero el tono de los primeros días de la asamblea general final del sínodo deja entrever que, por el momento, no se habla de revolución en el seno de la Iglesia.
Ese tono se estableció días antes de que la reunión se pusiera en marcha esta semana en el Vaticano, cuando en su discurso en Bélgica el 27 de septiembre, el Papa Francisco dijo que el sínodo no estaba destinado a avanzar en lo que él llamó "reformas de moda."
Ahora parece claro que, aunque los delegados puedan discutir muchas cosas durante las próximas tres semanas, no se decidirá nada. No habrá cambios doctrinales. No se reducirá el papel del obispo. No habrá prisa por resolver la cuestión de la apertura del diaconado a las mujeres.
En cambio, el verdadero desafío de este mes puede ser cómo gestionar las expectativas de aquellos que esperan y presionan para que se produzcan cambios radicales. El cardenal Jean-Claude Hollerich, relator general del Sínodo, aludió a ese peligro al final de la asamblea del año pasado, cuando señaló que muchos se sentirían decepcionados si no se concedía a las mujeres un papel más importante en la Iglesia.
Pero, ¿se avecina un cambio importante en el gobierno de la Iglesia? Parece poco probable. El propio Papa Francisco, en su discurso de apertura de la asamblea de este año, el 1 de octubre, subrayó que "la presencia en la Asamblea del Sínodo de los Obispos de miembros que no son obispos no disminuye la dimensión episcopal de la asamblea", en referencia a las decenas de laicos y religiosas que participan como delegados con derecho a voto.
Añadió, con evidente enfado, que las sugerencias en sentido contrario se debían a "alguna tormenta de habladurías que iba de un lado a otro". De hecho, ni siquiera hay "algún límite o derogación a la autoridad del obispo individual o del colegio episcopal", dijo.
Más bien, trató de aclarar el Papa, la asamblea "indica la forma que está llamado a adoptar el ejercicio de la autoridad episcopal en una Iglesia consciente de ser constitutivamente relacional y, por tanto, sinodal". En resumen, es un "modus gubernandi", un modo de gobernar. Sin embargo, sigue siendo un gobierno y no un foro abierto.
Ha habido muchas otras señales de que la revolución no es inminente.
Por ejemplo, el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que en su informe sobre los nuevos ministerios dijo que el Papa Francisco no considera "maduro" el momento para el diaconado femenino." La reflexión continúa, en otras palabras. La Iglesia se esforzará por dar más espacio a las mujeres en funciones de toma de decisiones, pero es necesario un debate más profundo en cuanto a cualquier tipo de ministerio ordenado, algo que el Papa ya había indicado en su conferencia de prensa en vuelo el 29 de septiembre a su regreso de Bélgica.
Además, en sus informes intermedios al sínodo, los grupos de estudio encargados por el Papa para examinar las cuestiones de un diaconado femenino y otros temas controvertidos mostraron cierta prudencia por parte de los obispos a la hora de abordar cuestiones doctrinales. Los obispos pueden ceder a dar a los laicos una mayor participación en la toma de decisiones, tal vez, pero no cuando se trata de cuestiones doctrinales.
El grupo de estudio encargado de examinar el papel del "obispo-juez" es un claro ejemplo. El Papa Francisco ha colocado a los obispos en el centro del proceso de nulidad matrimonial, pidiendo -de hecho casi imponiendo- que sean ellos los jueces definitivos. Pero los obispos llamados a hablar sobre el tema han reafirmado, en cambio, que el obispo, en algunos casos, debería tener la opción de delegar esa responsabilidad en tribunales regionales y nacionales que "podrían garantizar una gran imparcialidad en las decisiones." Es esto un paso atrás respecto a lo que ya ha pedido el Papa Francisco?
Y a la hora de hacer más transparente el proceso de selección de obispos, mucho depende de cómo el nuncio apostólico en cada país ejerza el proceso de selección. Se pide "más atención a la Iglesia local" y "más implicación de la Iglesia local", pero se trata de una cuestión de enfoque, no de un cambio revolucionario.
Igualmente, aunque la noticia es que el Dicasterio para los Obispos ha puesto en marcha una investigación para evaluar la práctica de las visitas ad limina, ya sabemos que el Papa Francisco incluye desde hace tiempo reuniones interdepartamentales en sus visitas ad limina cuando la situación local lo requiere.
Los grupos de estudio también han subrayado que no es necesario cambiar la Ratio Fundamentalis, el documento vaticano, ya revisado por el Papa Francisco en 2016, que sirve de base para la formación de sacerdotes y diáconos. A lo sumo, señala el texto del grupo de estudio, se podría escribir "un preámbulo que, por un lado, describa claramente la identidad relacional de los ministros ordenados en una Iglesia sinodal y misionera e indique, por otro, principios y criterios para la aplicación de la Ratio Fundamentalis y la Ratio Nationales en armonía con este marco eclesiológico y misionológico."
Quizás la parte más interesante se refiera a la cuestión de las relaciones entre las Iglesias orientales católicas y la Iglesia latina, ya que, según afirma el texto del grupo de estudio, se pretende contar con un "documento de la Santa Sede, redactado por el Dicasterio para las Iglesias Orientales, dirigido por el Santo Padre a los obispos latinos y que contenga algunas orientaciones sobre estos aspectos."
La comisión canónica del sínodo se centra en hacer obligatorios los consejos pastorales diocesanos/eparquiales y parroquiales. Pero este tema ya se destaca en el documento de la Comisión Teológica Internacional sobre la sinodalidad, publicado en 2018.
(La historia continúa más abajo)
Hasta aquí, en definitiva, mucho ruido y pocas nueces. Quizá se insista más en el "clamor de los pobres" y en la necesidad de no centrarse en cuestiones doctrinales. Y sin embargo, a la hora de hacer una propuesta concreta, los obispos parecen contentos con su disciplina ordinaria.