El 16 de octubre, los cristianos recuerdan al Hieromartyr Dionisio, discípulo del apóstol Pablo, que fue ejecutado en el siglo II d.C. Cuatro libros han sobrevivido hasta el día de hoy: 'Sobre la jerarquía celestial', 'Sobre la jerarquía de la iglesia', 'Sobre los nombres de Dios', 'Sobre la teología mística', así como diez epístolas a varias personas. San Dionisio era originario de Grecia y recibió una educación helénica clásica. En Egipto, estudió astronomía y fue testigo de un eclipse solar que ocurrió en el momento de la crucifixión de Jesucristo. Al regresar a Atenas, Dionisio fue elegido miembro del Tribunal Supremo. Cuando el apóstol Pablo predicó en la Corte Suprema, Dionisio se convirtió en su discípulo y lo siguió durante tres años. En el 57 d.C. estuvo presente en el entierro de la Virgen María. Cuando murió su maestro, Dionisio decidió continuar su trabajo y fue a predicar de Cristo en España, Alemania y Roma. Allí, gracias a su predicación, muchos se convirtieron al cristianismo. En la Galia, durante la persecución de los cristianos por parte de las autoridades paganas, él y sus dos compañeros fueron capturados y encarcelados. Allí Dionisio estaba constantemente en oración y por la noche dirigía la divina liturgia. A la mañana siguiente, los mártires fueron decapitados. San Dionisio le tomó la cabeza, marchó con ella hasta la iglesia, y solo allí cayó muerto. La piadosa mujer Catulo enterró los restos del mártir.
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